Desde que perdió a su esposo, la bella señora Saunders parecía inmune a las lágrimas. Pero aquel 17 de diciembre de 1946, mientras esperaba en el aeródromo de Nashville a su hijo Gorth, mutilado de guerra, debió llevarse el pañuelo a los ojos con disimulo.
Editado en revista Intervalo Álbum, Nº 56, año XIII, en septiembre de 1962. de Frederick Thwaites, con dibujos de Carlos Eyré.
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